La ruta propuesta reutiliza parte del trazado de dos diferentes ferrocarriles que conectaban entre sí. Uno de ellos era el ferrocarril Villena-Alcoi-Yecla, más conocido como "VAY" (o popularmente el Xixarra), del que recorreremos el tramo del Santuario de las Virtudes a Biar. A pesar del nombre que identificaba a esta compañía, sus estrechas vías nunca llegaron a Alcoi. En Muro de Alcoi conectaba con la línea Alcoi-Gandía, del mismo ancho. Esto fue posible desde 1909, 25 años después de la inauguración del primer tramo de Villena a Banyeres.
Por el lado contrario, el VAY enlazaba en Jumilla con el trazado del ferrocarril Jumilla-Cieza (también de vía estrecha), perteneciente a los Ferrocarriles del Sudeste de España, que explotaban esta única línea férrea. El otro tramo utilizado en esta ruta, entre Muro y Alcoi, pertenecía al ferrocarril de Gandía a Alcoi, regido en sus principios por la compañía The Alcoy Gandía and Harbour Railway Co. Ltd e inaugurado en 1892.
Estas líneas tuvieron una modesta vida. En 1965 pasaron a ser administradas por FEVE, continuando así los trenes del Xixarra hacia la costa, enlazando en Gandía con otra línea de FEVE, la que iba de Carcaixent a Denia y, desde allí, hacia Alicante. La crítica situación de la compañía hizo que ambas líneas fueran cerradas en 1969.
La vida cotidiana de un modesto ferrocarril
Éste era un ferrocarril harto modesto y casi autosuficiente. De hecho, en sus talleres se construían artesanalmente sus coches y automotores, comprando sólo fuera las locomotoras de vapor. Un hecho anecdótico era que estos trenes nunca tuvieron servicios, lo cual, como es lógico, a veces ocasionaba situaciones un tanto complejas. En cualquier caso, la carencia de retretes en los convoyes se solía suplir con los de las estaciones. Éstas quedaban muy cercanas unas de otras, con lo cual los viajeros controlaban sus esfínteres hasta la siguiente parada, confiando en que no hubiera ninguna incidencia en la ruta.
Dadas las circunstancias, los maquinistas siempre esperaban el tiempo que fuera oportuno para que los viajeros, aliviados ya de sus aflicciones físicas, pudieran proseguir viaje más tranquilos y desahogados. Entrañables son también los recuerdos de aquel ambulante de correos que gustaba de jugar su partidita de mus en la estación de Agres con el jefe de estación, el maquinista y el interventor, mientras se producían las esperas de los trenes de RENFE para el trasbordo de viajeros. Más de una vez tuvo que esperar todo el pasaje el tiempo que fuera preciso, a que se resolviera algún que otro órdago a la grande, además de confiar en que el maquinista no hubiera perdido la partida y condujera el tren de mal genio.
Una última anécdota de este ferrocarril habla de aquel maquinista que, al salir de Muro, olvidó en la estación un paquete de comida para el jefe de estación de Agres. Allí, al darse cuenta del olvido, ni corto ni perezoso y ante el estupor de los viajeros, dio marcha atrás para llegar de nuevo a la estación de partida (¡a 19 km!) y coger allí la tartera: no estaban los tiempos para dejar pasar una comida casera. |