| Tren de vocación agrícola, el Ferrocarril del Tajuña pretendió llegar desde Madrid a tierras aragonesas, aunque se quedó a medio camino, en la alcarreña villa de Alocén, a orillas del Tajo. Fue inaugurado en 1901, año a partir del cual la madrileña estación del Niño Jesús, junto al Retiro, vio partir a miles de convoyes. Éstos recorrían los 143 Km. de vía métrica que morían en Alocén, estación que hoy duerme bajo las aguas del Tajo retenidas en el embalse de Entrepeñas. El ferrocarril llegó a tener incluso un ramal que desde la estación de Tajuña, situada a medio camino entre Morata y Perales, conectaba con los pintorescas localidades de Chinchón y Colmenar de Oreja .
El Tren de Arganda, que pitaba más que andaba según el dicho, no pudo superar a los cada vez más veloces coches, ya que sus trenes, además, cada vez eran más lentos debido al calamitoso estado de las vías y de sus locomotoras. De esta manera, hubo que aparcar sus trenes de viajeros definitivamente en el año 1953. Durante unos años se mantuvo un lánguido tráfico de mercancías (sobre todo remolacha y fruta) pero, poco a poco la línea murió y fueron levantándose los carriles. Se salvó del desguace el tramo de 28 km que, hasta el invierno de 1998, unió la cementera del barrio madrileño de Vicálvaro con las canteras de El Alto, situada en las proximidades de Morata de Tajuña. Hasta esa fecha, por estas vías circularon continuamente trenes de mercancías acarreando clinker calizo para hacer cemento.
Estas vetustas vías han sido suplidas hoy por las de un moderno metro de superficie que, desde Madrid, recorre incansable el tramo que va hasta Arganda.
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