El ferrocarril de Calahorra a Arnedillo tuvo una historia bastante agitada. La comarca del Cidacos, al comienzo de los años veinte, empezó a experimentar un proceso de industrialización que, sumado a la feracidad de sus vegas, hacía muy atractivo el crear un ferrocarril que diera salida a la producción del valle. Así, la Sociedad de Ferrocarriles Eléctricos obtuvo en 1920 la concesión de una línea desde Calahorra hasta Préjano.
Además de servir a los fines citados, en Préjano se cargaría el mineral procedente de unas minas que llegaba a este lugar por un ramal de vía minera de 5 km de longitud. El tramo hasta Préjano fue inaugurado en 1924, aunque dos años antes ya habían llegado los primeros trenes hasta Autol.

A pesar del nombre de la empresa concesionaria, el ferrocarril nunca llegó a electrificarse, aunque se presentó un proyecto a tal fin. Dificultades de la empresa concesionaria provocaron el abandono del servicio en 1935. En 1938, en plena guerra civil, el Estado asumió la gestión del cerrado ferrocarril y se iniciaron los trabajos para su reapertura. En el año 1942 se restableció el servicio desde Calahorra hasta Arnedo y en 1947 se terminó la construcción del ferrocarril, llegando los trenes hasta Arnedillo.
Dos décadas más tarde, el ferrocarril arrastraba una gran crisis, ya en manos de FEVE, siendo definitivamente clausurado en 1966. Casi 30 años después del cierre, el ferrocarril de Arnedillo vuelve a ser noticia. El Ministerio de Medio Ambiente y el Gobierno de La Rioja acondicionaron el trazado de este olvidado ferrocarril como Vía Verde en 1998.
Un año después, el gobierno regional asumió la recuperación del pequeño ramal de Préjano, que une el valle del Cidacos con esta modesta localidad minera.
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