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    Itinerarios > País Vasco > Guipúzcoa > V.V. del Urola > Descripción
 
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Vía Verde del Urola
 
  DESCRIPCIÓN

Km. 0 / Km. 2 / Km. 6 / Km. 7,5 / Km. 16,3 / Km. 19,2

 
   

La del Urola, es una de vías verdes más completas y sugerentes, pues, este itinerario nos acerca a lugares tan interesantes como el Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia, el santuario de San Ignacio de Loiola, la garganta que el río Urola y un final de lujo: la cultura del hierro a través de las grandes siderurgias y las ferrerías de antaño.

La vía del Urola se corresponde con parte del trazado del Itinerario nº 5 (valle del Urola) de la Red de Vías Ciclistas de Gipuzkoa, que cuenta ya con 166 km construidos del total de 439 km planificados. La Red de Vías Ciclistas de Gipuzkoa (Gipuzkoako Bidegorriak), es la red de infraestructuras para el desarrollo de la movilidad ciclista-peatonal interurbana en Gipuzkoa. Su objetivo es dar servicio a los ciclistas que utilizan la bicicleta en sus desplazamientos cotidianos y de ocio-turismo, y a los peatones, en diferentes soluciones de coexistencia y segregación.

Km 0
Esta ruta, acondicionada por la Diputación Foral de Gipuzkoa bien pudiera comenzar con un viaje en el tiempo. El Museo Vasco del Ferrocarril, ubicado en la antigua estación de Azpeitia, muestra relojería, uniformes, la antigua central de transformación eléctrica y el antiguo taller mecánico del Ferrocarril del Urola, además de locomotoras de vapor, tranvías, trolebuses, automotores y vagones de todas las clases.

Pero nada comparable al revivir de esos enormes dinosaurios metálicos que son las grandes locomotoras de vapor. El pasado resulta más emocionante cuando se puede ver, tocar y… viajar, como lo hicieran nuestros antepasados, en el antiguo ferrocarril del Urola. La antigua locomotora Aurrera arrastra dos coches de madera durante los cinco kilómetros que separan el museo de la localidad de Lasao, todos los fines de semana entre los meses de abril y noviembre.

La Vía Verde del Urola arranca en la avenida Harzubia de Azpeitia. Para atinar con precisión, en la variante de la carretera GI 631 existe una rotonda donde confluyen las carreteras a Tolosa (GI 2634) y el desvío al centro urbano por la avenida Harzubia. Por esta última, apenas 200 m más a delante, al sobrepasar el polideportivo y los campos de fútbol, dejaremos a uno y otro lado el antiguo puente ferroviario sobre las aguas del Eder y el inicio de la vía verde.

Resulta sencillo reconocer a la vía verde. Se trata de un carril bici o bidegorri con el firme de asfalto rojo, nuevo, ancho y con sendas líneas de pintura blanca que separan a ciclistas y caminantes. Además, está iluminado y jalonado de bancos, mesas y fuentes.

Los primeros pasos sobre el carril rojo nos embarcan en un apacible paseo, llano y muy concurrido, que nos lleva al encuentro con el río Urola, vertebrador del paisaje y compañero inseparable hasta la conclusión de esta ruta.

Una vez emparejados (Km. 1), vía y río pasan junto al caserío Egibar y el didáctico Museo del Medio Ambiente, y se alargan hasta la antigua estación de ferrocarril y los jardines que preceden al santuario de Loiola (km 1,5). En la estación de Loiola el carril asfaltado se interrumpe, pues un túnel ferroviario impracticable impide seguir el trazado original del ferrocarril. Tal interrupción no es más que una invitación para atravesar los sombreados jardines y detenerse ante el santuario de Loiola, obra cumbre del arte sacro en Euskadi. Bajo la aureola de San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús, el santuario es un conjunto compuesto por la basílica barroca de cúpula magistral y portada churrigueresca, la antigua casa-torre de los Loiola, lugar donde nació San Ignacio en 1491, la residencia (1713), el antiguo convento y otras dependencias de interés.

Km 2
En el costado derecho de la basílica, tras el aparcamiento norte, el ancho carril asfaltado con líneas blancas reemprende la marcha, dejando atrás el bullicio de los autobuses cargados de turistas. Nuevamente convertida en un llano y concurrido paseo, la Vía Verde del Urola regala un delicioso discurrir por el ahora amplio y verde valle del Urola: primero junto al cauce fluvial, sombreado por plátanos, fresnos y alisos; luego, entre verdes prados y pintorescos caseríos; y para terminar, aterrazada sobre un río cubierto de arbolado.

Km 4,2
Escoltados estrechamente por polígonos industriales, la vía verde y el río Urola desembocan en localidad de Azkoitia (Km. 4,2). En la cuna de míticos pelotaris, la travesía urbana del antiguo trazado férreo es dispar. Un bidegorri o carril bici sigue fielmente el trazado en la primera mitad de la travesía. Así, la calle Juin (a la izquierda) reconduce nuestros pasos por la Alameda del Tren (Trenbidearen Zumardia) hacia la antigua estación de Azkoitia, hoy rehabilitada como biblioteca.

Sin embargo, el trazado férreo no se ha recuperado en la segunda mitad de la travesía urbana. La mejor alternativa nos lleva, desde la antigua estación del ferrocarril en Azkoitia, por la calle Xabier Munibe hacia el encauzado río Urola y a la plaza Desusen Biohotz Agurgarria (km 5,1), epicentro social presidido por la parroquia de Santa María la Real y el ennegrecido palacio de los Idiakez. Azkoitia sigue el patrón común en el valle del Urola: industrias, caseríos e historia. La fisonomía resultante la componen un relieve accidentado con montes arbolados y caseríos dispersos, polígonos industriales empeñados en la elaboración y transformación de aceros, y un casco histórico declarado conjunto monumental en el que también destacan la casa-torre de Balda, el palacio Floreaga Zar y el palacio de Intsausti.

Sin separarnos de la orilla derecha, seguiremos corriente arriba el río Urola hasta la amplia explanada de Danobat, desde donde el trazado del ferrocarril ha sido nuevamente acondicionado para uso exclusivo de peatones y ciclistas. Un nuevo carril rojo bordea la explanada y el barrio de Jausoro, y desemboca en el polígono industrial Umansoro Diego Aita. Ahí, la calle de la izquierda conduce al aparcamiento que hay en la parte trasera del polígono y a la continuación de la vía verde. No tiene pérdida.

Km 6
Desde el estacionamiento (km 6) y tras una primera rampa inicial, la Vía Verde del Urola se pone nuevamente en marcha como un carril llano y asfaltado que, entre hileras de árboles jóvenes, perfila el polígono industrial Umansoro por su parte trasera. A un lado quedan grandes naves y al otro altas montañas cubiertas de pinos con márgenes de frondosas.

A continuación el asfalto del firme se torna gravilla compactada y la vía, sin perder su rectitud aparente, se sumerge entre frutales, huertas y dispersos caseríos y casillas. Éste es un tramo plácido donde algún vecino se afana en la labranza y las vistas son aún amplias, un intermedio entre la urbanidad y la naturaleza indomable. Aquí también tendremos la oportunidad de pasar bajo el único paso inferior de toda la ruta, testigo mudo del paso de tantos trenes.

Km 7,5
Todo cambia al atravesar por primera vez, y sobre el mismo puente, el río Urola y la carretera GI 631 (Km. 7,5). La antigua vía se adentra en una garganta comprimida por altas montañas, por cuyo seno discurren emparejados la carretera y el río. En terreno tan difícil los ingenieros ferroviarios debieron emplearse a fondo, para hacer transitable una mínima franja de esas laderas tan empinadas.

Al unísono las montañas se cubren por entero de fresnos, robles, alisos, castaños, arces, avellanos, acacias, plátanos y un perenne pinar que se alarga hacia las altas cumbres. Venir en otoño no es una recomendación baladí. Sin duda resulta una estación espectacular gracias a esa legión de frondosas que, con sus ocres, rompen el homogéneo y prieto verdor que luce todo cuanto nos rodea. De nuevo en marcha, en la otra orilla la vía verde se aterraza en la ladera de nuestra diestra y culebrea al compás de río y la garganta, según las ordenes impuestas por la orografía.

A partir de un estético viaducto de cuatro arcadas (8,3 km) el culebreo es ya un franco retorcimiento. Por ello, la vía prescinde del río y su cuenca como soporte natural y, al contrario que la carretera, mete la directa. Atraviesa cuanto obstáculo le sale al paso: perfora la montaña y salta la corriente. La vía convierte su discurrir en una continua sucesión de paseos aéreos y subterráneos. Aéreos por los vistosos viaductos y numerosos puentes que cruzan, a la par, carretera y río sobre redondeados pilares. Paseos subterráneos por los numerosos túneles cortos, medios y largos, curvos o rectos, oscuros como la boca del lobo o con visibilidad, forrados, en roca viva o algo de ambos, secos o mojados por las goteras, pero siempre frescos, con el suelo hormigonado e iluminados. Aunque se aconseja llevar linterna o frontal, pues los túneles no están exentos de puntuales problema técnicos en su iluminación.

Como una flecha, la vía mantiene la recta compostura mientras que, bajo nuestros pies, la carretera y el río se retuercen, van y vienen trasmitiendo la sensación de que el ferrocarril ha doblegado aquí a la intensa orografía.

Hasta nueve puentes de marcado diseño y otros tantos túneles atravesaremos para llegar a la antigua estación de Aizpurutxo (Km 11,1), una aparición fantasmal entre tanto verde. Acto seguido la vía cruza otro puente, se introduce en el túnel 10 y se aterraza en la ladera, a bastante altura, sobre las casas de Aizpurutxo (km 11,5). Dispuesto en el seno de la garganta a lo largo de la carretera GI 631, este pequeño núcleo urbano posee varios bares donde paran los automovilistas. Un camino baja desde la plataforma del ferrocarril al seno de la garganta, facilitando a los usuarios de la vía verde el acceso al “oasis” de Aizpurutxo. La tarea no resulta sencilla por la acentuada pendiente, pero es obligada si se impone avituallarse.

A partir de Aizpurutxo continuamos por la garganta del Urola, aunque ahora las frondosas se limitan al lecho del río, dando rienda suelta a un pinar que lo cubre copiosamente todo. Asimismo, atrás queda el ir pasando de una orilla a otra constantemente. En adelante, la ladera de la izquierda será nuestra anfitriona; y los túneles, antes casi consecutivos, se irán espaciando a la par que aumentan su longitud, curvatura y oscuridad. Esto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la ruta pierde la rectitud de la que hizo gala al entrar en el valle del Urola, para ajustarse a los contoneos de las laderas que suben hacia los montes Irimo y Samiño.

Km 16,3
Tras el largo túnel 19 (km 16,3), el último de la ruta, se encuentra el área de descanso que hay en la zona conocida como Mesa de Aginaga. Aquí llega el paseo asfaltado que, sobre el trazado del antiguo ferrocarril, viene desde la localidad de Urretxu cargado de paseantes. Son muchos los vecinos que lo utilizan para estirar las piernas cada tarde.

El nuevo carril asfaltado, emparejado a la carretera y al río, deja atrás las estrechuras montañosas, los túneles y los puentes. Se adentra en un valle con los márgenes montañosos alejados y menguados, y suficiente amplitud en su seno como para componer una imagen idílica de prados y caseríos.

La Vía Verde del Urola cruza el río y se adentra definitivamente en la localidad de Urretxu (Km 18,1). Entre edificios, el carril asfaltado alcanza la antigua estación de Urretxu (Km. 18,5) y desemboca en el mismo centro urbano, un amplio, vivo y colorido espacio abierto perfilado por el Urola. Esta localidad cuenta, además, con una oficina de turismo -en la cual puede hallarse más información acerca del patrimonio de la villa. Después de codearse con terrazas y jardines, se prolonga como un grato paseo ribereño que concluye ante la antigua estación de Zumárraga (km 19,2), bonito ejemplo de arquitectura popular que imita las formas del caserío vasco.

En Zumárraga merece la pena salirse de la ruta para acercarse a la ermita de La Antigua, Monumento Histórico-Artístico Nacional único por su cubierta y cercha realizadas enteramente con madera de roble. Eso sí, apuntar que se encuentra alejada y sobre una colina.

Km 19,2
En Zumárraga terminaba su periplo el antiguo Ferrocarril del Urola. No obstante, la vía verde que tenemos entre manos se prolonga sobre el trazado del antiguo tren de mercancías de Patricio Echeverría, industrial clave de la siderometalúrgica guipuzcoana.

Además, la Diputación de Gipuzkoa está impulsando el acondicionamiento de la vía verde Urretxu - Bergara sobre el antiguo ramal de Feve Maltzaga - Zumárraga. Esperemos que en un futuro cercano esté disponible este tramo que supondría la conexión del Alto Deba con el Goierri guipuzcoano (donde se encuentra la Vía Verde del FC Mutiloa-Ormaitzegui)

Hecho este inciso y con la intención de seguir los pasos del antiguo tren de Patricio Echeverría rodeamos la antigua estación de Zumarraga, hoy puesto de la Ertzaintza. En el costado izquierdo del edificio aparece un bidegorri o carril bici pintado de rojo en la acera, que deja a la izquierda la estación de cercanías en Zumárraga y prosigue por la mediana hasta llegar a una rotonda. Ante la glorieta el carril asfaltado cruza la calle de la izquierda y se embarca en una nueva singladura.

Inicialmente, entre la carretera y la vía del tren, la vía verde avanza perfilada a ambos lados por largas naves metalúrgicas, colosos humeantes y olor a hierro. Sin embargo, al cruzar el río Urola (Km. 20,8) se produce una interrupción, un mero y verde intermedio de prados entre altivas montañas, un espacio abierto donde tomar aire puro otra vez antes de sumergirnos nuevamente entre naves industriales y el terraplén que sustenta el paso de los trenes. A la espera de que las obras de acondicionamiento previstas por la Diputación de Gipuzkoa lleguen hasta el mismo Legazpi y se alarguen hasta el parque Mirandaola, la Vía Verde del Urola concluye en pleno polígono industrial, a escasos 500 m del casco urbano de Legazpi, cerca del museo Chillida lantoki, donde se expone el proceso de trabajo de Eduardo Chillida

Nuestra ruta acaba, pues, rodeada por un paisaje industrial que hunde sus raíces en aquellas ferrerías de viento que, en torno al siglo XIII, comenzaron a aprovechar la vitalidad de las aguas que bajan de los montes para establecerse a orillas del río Legazpi, conocido desde entonces como Urola o “agua de ferrerías”. El visitante podrá hacerse una idea de esa convulsión fabril y social recorriendo una ruta cultural con más de 15 lugares ligados a la industrialización. Así mismo, Legazpi también vela por sus raíces más ancestrales, pudiendo presenciar a los artesanos ferrones trabajando el hierro, tal y como se hacía en el pasado siglo XX, en la Ferrería de Mirandaola. Todo un chisporroteante espectáculo y un final de lujo para esta excelente vía verde.

 
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