 |
| |
/
/ /
/
|
Km 0.
La Vía Verde de la Ruta del
Ferro tiene su origen en la estación de tren de Ripoll.
Antes de dejar sus andenes merece la pena desviar la mirada al otro lado de
las vías, y contemplar el hermoso edificio que se construyó como estación
principal del ferrocarril hacia Puigcerdá.
En el andén, si miramos hacia el
norte, veremos la antigua línea de Sant Joan de les Abadesses, soporte de la
actual Vía Verde. Saldremos de la estación por su puerta y proseguiremos,
hacia la izquierda, por la calle Progres. Esta calle flanquea el recinto
ferroviario, tomando la primera calle hacia la izquierda, la calle Ter.
Seguiremos apenas 20 m. por esta calle para tomar inmediatamente el Paseo de
Sant Joan: el trazado del viejo ferrocarril.
Por este paseo llegaremos a un
nuevo cruce con la calle Progres, donde llegaremos a una glorieta donde
veremos que el tráfico se incrementa espectacularmente. Se trata de la
variante de la C-151, que durante unos 2 Kms ha tomado como asiento del
ferrocarril.
En este punto se inicia con toda
propiedad la Vía Verde de la Ruta del Ferro. En el lado izquierdo de la
carretera, una pista asfaltada, flanqueada por dos cintas de hierba, se abre
camino al pie de la carretera. El denso tráfico de este vial, que obligará a
tomar ciertas precauciones al paso por la glorieta, no será obstáculo cuando
la vía cruce al otro lado unos cientos de metros más adelante, ya que se ha
construido para ello un paso inferior.
La Vía Verde se reserva
exclusivamente para los ciclistas y caminantes, existiendo unos cerramientos
que impiden el paso de vehículos. Los puntos kilométricos que jalonan la
ruta son los del antiguo ferrocarril y están referidos a su origen primero en
Barcelona, no en Ripoll. Así no ha de extrañarnos que el primer kilómetro
que veamos sea el 108.
|
|
Km 4.
La
vía prosigue su camino en solitario
hacia el este. Mientras, a la
izquierda, el poderoso caudal del Ter
tiende su infranqueable frontera
azul con los coches que circulan por
la orilla contraria. Con los lejanos
ecos del tráfico que bulle por la
otra ribera, la ruta se interna en
un paisaje rural, de prados y con
manchas boscosas que se descuelgan
desde las laderas del Cabezo
de las Fosas.
Poco antes de llegar al Km. 109, a unos
cuatro kilómetros de Ripoll, se
deja atrás la primera foresta y se
llega a un tramo en el que la
vía se "cuelga" sobre las
aguas remansadas del Ter.
Tras
el paso, la vía vuelve a discurrir
por terrenos más llanos, entre
praderas que sólo dejan de ser
verdes cuando la nieve las cubre con
su albo manto en los fríos
inviernos. Tras la zona de prados,
la vía se encaja en un magro
espacio entre la orilla del río y
la escarpada ladera. Tal es la
angostura y la poca estabilidad de
la ladera que los constructores del ferrocarril
se vieron obligados a construir un falso
túnel,
de 49 m. de longitud, que
facilitará el mantenimiento del
trazado sin problemas de
desprendimientos.
|
|
Km 6.
Al
otro lado del túnel, la vía
abandona momentáneamente la
vecindad del río. En esta zona se
ha asfaltado todo el ancho de la
vía, permitiendo el tránsito de
vehículos rurales hacia algunas
masías próximas, fincas que se aprovechan
ahora del magnífico puente
de hierro
que el ferrocarril usaba para cruzar
el Ter. Este puente, situado a 6
Kms. de Ripoll, se ha adaptado para
el paso de vehículos, junto a los
cuales cruzaremos a buena altura el
sobrado cauce del río. ¡Atención!
Las bajas barandillas y, sobre todo,
la falta de la antigua pasarela de
servicio, harán preciso tener un
mínimo de precaución.
Al
otro lado del puente, la vía se
empareja al trazado de la carretera,
vial con un intenso tráfico cuy
cruce, hasta hace poco el verdadero
"punto negro" de esta
ruta, fue felizmente resuelto con la
construcción de un paso
inferior que ha desterrado los
riesgos que aquí se generaban.
Una
vez superada esta intersección, la
vía recupera su placidez habitual,
entre los prados y los bosques de
ladera. Paulatinamente va ganando
cota sobre la carretera, que
queda en el fondo del valle. Sobre
altos terraplenes la vía ha de
afrontar a buena altura el cruce de
un primer barranco, el que talló el
Torrente de Púdol. Desde su
tablero merece la pena detenerse a
contemplar la perspectiva de la Sierra
Caballera, que se eleva poderosa
hacia el norte. Entre bosques, a los
que nuestra ruta taja en una
perfecta recta, cruzaremos el Torrente
de Ginebrosa, a apenas 500 m.
|
|
Km
10.
A 10 Kms. de Ripoll, la vía se
interna en el amplio recinto de la Estación
de Sant Joan de les Abadesses
que, despojado de sus vías, está
un tanto desnudo hoy día. Pero de
esta desnudez ha venido a redimirla
en parte la recuperación del
edificio de la estación como un
atractivo restaurante que hace todo
un homenaje a la memoria del
ferrocarril en su decoración.
La
estación queda situada en la parte
alta de la localidad, y es casi
obligatorio descender al pueblo,
cruzar el Ter por el espectacular puente
gótico, con la característica
forma de lomo de asno, y perderse
por sus calles, donde se esconden
auténticas joyas del románico.
El
trazado hasta Toralles cruza la
carretera de Ogassa nada más salir
de la estación. Desde este punto, la
vía asciende suavemente por el
valle del Malatosca, un
afluente del Ter que nace en la
Sierra Caballera, omnipresente mole
montañosa que se eleva al norte,
hacia donde se dirige nuestra vía
verde. A unos 500 m. la vía vuelve
a cruzar la carretera, vial que
genera unas intersecciones mucho
menos peligrosas
que las que había unos kilómetros
atrás.
|
|
Km.
12.
Finalmente, a unos 2 Kms. de Sant
Joan, la vía llega a su fin en el Cargadero
de Toralles.
Este cargadero, situado en una
especie de depresión sobre la que
se eleva el edifico de la estación,
recibía los minerales procedentes
del cercano Ferrocarril Minero de
Ogassa. Esta línea, de apenas 3
Kms. de longitud, se encuentra
parcialmente transitable.
|
|
| |
|
|
|