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Km 0.
La ruta se
inicia a 380 m. de altitud en el
mismo andén de la solitaria Estación
de Renfe de Calera y Chozas
(Toledo), paso obligado para los
raudos trenes que desde Madri se
dirigen hacia Extremadura y
Portugal. Aunque hoy en día no
paren en ella trenes de viajeros, es
posible solicitar autorización de
parada, con una cierta antelación,
y detener alguno de ellos.
Una
vez en tierra, nuestro trazado enfila
al sur en paralelo a las vías de
Renfe, separándose de ellas al poco.
Será preciso cruzar la carretera que
queda a nuestra izquierda y seguir
adelante. Este cruce a nivel, bien
señalizado y con buena visibilidad,
es la única intersección
con carreteras de toda la vía
verde.
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Km 10.
Tras una
larga recta, entre parcelas de regadío,
nos acercamos al Apeadero
de Silos.
Este enclave es la puerta de entrada
a la finca "El Arco",
propiedad que flanquea las orillas
del Tajo en un largo tramo, adentrándonos
por primera vez en una masa boscosa.
Un denso bosque mediterráneo,
preservado virgen dada su secular
historia como coto de caza, regala
la vista y el olfato del viajero.
Liebres, conejos y rapaces nos saldrán
al paso desde las copas de las encinas
o desde el mismo camino.
Más
difícil nos será ver
a los ciervos que pastan en estas
dehesas, ya que prefieren alejarse
de las zonas más transitadas.
Descubre
en el km. 10 la Fuente
de la Garrapata,
uno de los pocos “oasis”
de la ruta que se encuentra en la
margen derecha del camino, escondida
tras una higuera. Es importante
aprovisionarse de agua en este punto,
pues no encontraremos otra fuente
en todo el recorrido.
En esta
finca atravesaremos los dos primeros
túneles del camino. A la
salida del segundo, en el km. 13,
la gran sorpresa: la vía
se despega del suelo y vuela sobre
las aguas del Tajo en un gran viaducto.
El embalse
de Azután
queda a nuestros pies. Una ancha
lámina de aguas se encaja
entre las abruptas laderas del cerrado
valle.
Tras
el viaducto comienza el ascenso
hacia Aldeanueva
de Barbarroya. Una sinuosa
y suave remontada nos va acercando
hacia la primera estación
de la ruta. Mientras, a nuestra
derecha, el Tajo se pierde entre
las frondosas quebradas. Aldeanueva
(Km. 17) es el primer y último
pueblo que encontraremos junto a
la vía. Punto, pues, de aprovisionamiento
si vamos escasos de algo. ¡Ojo:
no hay agua en el resto del recorrido!.
Desde aquí,
el camino se abre hacia el sur sobre
largas rectas que atraviesan un paisaje
de bolos graníticos de gran
belleza. En este tramo pasaremos sobre
otra gran obra, el Viaducto
del Riscal del Cuervo (Km.
24), estilizado puente que salva un
profundo barranco.
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Km 25.
El Apeadero
de Pilas (Km.
25), convertido ahora en granja de
perdices, es la antesala de entrada
al intrincado paisaje de la pizarra,
la jara y los túneles. Jalonan los
27 Kms. restantes de la Vía Verde
hasta 15 túneles que, sumados a
otros 4 grandes viaductos, marcan
este tramo a orillas del río San
Vicente. La soledad de nuestro
camino tampoco se verá interrumpida
al paso por la Estación
de Nava-Fuentes
(Km. 29). Una curiosidad, los
pueblos a los que teóricamente
daría servicio distan 6 Kms. (La
Nava de Ricomalillo) y 3 Kms.
(Fuentes).
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Km
35.
El resto del camino no ofrece
problemas. La pizarra se escapa a
veces del denso matorral de jaras,
molestando algo en algunos tramos de
la vía. Los jarales cada vez se van
haciendo más densos y su olor
impregna todo el ambiente. Llegamos
así a la arruinada Estación
de Campillo-Sevilleja
(Km. 36), enclave que marca el
último tramo de esta vía. Es en Sevilleja
de la Jara donde se encuentra
uno de los principales centros de
recuperación del águila imperial
de nuestro país. El Centro de
Estudios de Rapaces Ibéricas
cuenta con un Aula de la
Naturaleza que realiza
actividades de educación
ambiental.
Al
poco, abandonaremos el río junto a
las aguas del embalse de San
Vicente. Imponentes muros de
contención elevan a la vía sobre el
nivel del embalse, lanzando nuestro
camino hacia el mar de jaras que
define nuestros últimos kilómetros.
La solitaria presencia, una vez más,
del inexplicable (ya que queda a
decena de kilómetros de cualquier
lugar habitado) Apeadero
de La Cervilla (Km. 44) es el
único accidente de este camino,
enmarcado al nortee por la crestería
de los riscos de Gredos. De frente, la
cada vez más cercana Sierra de
Altamira, marca el fin de la ruta. |
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Km.
52.
Balidos de ovejas y gruñidos de cerdos
indicarán que hemos llegado al fin
del camino. La Estación
de Santa Quiteria
(Km.52), a 670 m. de altitud,
es hoy una singular granja ganadera.
El muelle de carga almacena
toneladas de paja y el edificio de
viajeros sirve de lugar de reposo
para las ovejas, mientras que
algunas de las viviendas pensadas
para ferroviarios acogen hoy a una
nutrida piara de cerdos ibéricos.
Aquí
finaliza nuestro recorrido por la Vía
Verde de la Jara. No obstante, las
obras del ferrocarril si que
continuaron hacia las tierras
extremeñas. Pero, al poco de entrar
en la comarca cacereña de Las
Villuercas, el trazado se interrumpe
definitivamente, por lo que llegar a
Guadalupe por este viejo camino
ferroviario será completamente
imposible. |
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