El
Ferrocarril de la Sierra, que
discurriría entre Jerez
de la Frontera y Almargen,
fue un proyecto con el que soñaron,
a principios de siglo, generaciones
de gaditanos y sevillanos que
moraban en las tierras aledañas al
Guadalete y las más altas de Olvera
.
Por
su parte, los militares también
deseaban la construcción de un
ferrocarril que enlazara sus bases de
Cartagena y Cádiz. Con todas las
bendiciones, las obras se iniciaron
con celeridad bajo la batuta del
General Primo de Rivera, jerezano a la
sazón. La Guerra Civil supuso un
fuerte parón a las obras. Superada la
contienda, la dura posguerra no fue el
mejor marco para retomar esta difícil
construcción. Así llegamos a
mediados de los sesenta, cuando un
informe del Banco Mundial determinó
el definitivo abandono de las obras,
estando concluidas las estaciones,
viaductos y túneles, a falta del
tendido de vías.
De
este vasto proyecto, de los 119
kilómetros previstos sólo llegó a
funcionar el tramo de 21 kilómetros
que iba de Jerez a la azucarera de
Jédula. Se tendieron las vías hasta
Arcos de la Frontera, pero por ellas
no llegaron a pasar más que los
trenes de prueba. Incluso una familia
de ferroviarios residió unos pocos
años en los edificios de la
estación, como esperando durante
décadas la llegada de un tren que
aún está por venir.
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