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La Vía Verde del Guadalimar promovida por la Diputación provincial de Jaén y acondicionada en el marco del Programa de Caminos Naturales del MAPAMA comienza donde termina (oficiosamente) la Vía Verde de Linares, es decir, en el km 0,6 de la pista asfaltada que parte de la pedanía Estación de Linares-Baeza como paseo de Arquillos (J-9007).
En ese punto no hay un aparcamiento construido exprofeso, pero paneles e indicadores identifican el arranque del carril de gravilla y asfalto a 100 m del paso bajo la autovía A-32, junto a un llamativo viaducto sobre el Guadalimar. Existe espacio lateral junto a la carretera para dejar el vehículo.
El inicio es impresionante. Para que el nonato ferrocarril Baeza-Utiel atravesara las achocolatadas aguas del Guadalimar se levantó el soberbio viaducto de Los Barros, una ciclópea obra de hormigón de 235 m de longitud que destaca por su estética curvatura. El viaducto es además un balcón de excepción: aguas arriba al azud y el molino de El Arquillo, antigua central que abasteciera de energía eléctrica a la maquinaria minera de Linares a partir de 1921; aguas abajo, oculto tras el viaducto de la autovía y el puente de la N-322, se ve el modesto puente metálico del antiguo tranvía de La Loma entre Linares y Baeza. Quizás en el futuro los restos de este tranvía también sean recuperados como una vía verde.
Superado el viaducto, la Vía Verde del Guadalimar continúa en busca de un paso bajo la nueva autovía A-32, cuya construcción no ha respetado el antiguo trazado del ferrocarril. A la salida del paso inferior hay un cruce de caminos. ¡Cuidado: No hay que seguir por la magnífica pista del frente!. Para recuperar la traza original del ferrocarril tomaremos la pista izquierda. Esta última pista, compartida con otros vehículos y paralela al alto terraplén de la autovía, alcanza 200 m más adelante los bolardos que cierran el paso a los coches y el hito del km 1, además de otras señales de vía verde, que permiten identificar el reencuentro de la traza original del ferrocarril.

El tramo siguiente transcurre por la llana vega del margen izquierdo del Guadalimar, entre perfectas hileras de olivos y campos de cereal. Aquí la traza férrea describe una larga recta a nivel del terreno que, en ligero descenso, cruza dos carreteras de escaso tráfico; se eleva sobre el robusto puente que cruza el profundo barranco del arroyo de Ibros, sobrevolando así ondulantes surcos horadados en las blandas tierras; y finalmente se sumerge en un túnel con una recta y larga galería de 350 m.
A la vega del Guadalimar desaguan las lomas cercanas. No es extraño que torrenciales lluvias dañen ocasionalmente la plataforma en este tramo de fuertes escorrentías. Si es así, ¡animo con el barro que sin duda se pegará a las suelas y las ruedas!
A la salida del primer túnel (km 4) la vía verde seguirá de cerca durante tres kilómetros el curso del río que le da nombre. Nos adentramos en la parte más variada y diferente de toda la jornada. La providencia ha querido que antes de empacharnos de olivar degustemos el sotobosque de álamos, olmos, fresnos, sauces y demás especies que bordean el rico cauce del Guadalimar. El verde es además una cortina que oculta la industria azucarera de la otra orilla.
En el empeño de seguir el río, la plataforma del antiguo ferrocarril se aterraza y eleva en el empinado talud que conforma la orilla izquierda y, a falta de sustento, echará mano de un largo viaducto curvo (km 5) que, gracias a su baja altura, parece navegar sobre el río. Un área de descanso invita a recrearse en este entorno, antes de introducirse en la larga galería de 296 m del segundo túnel.
A la salida del túnel la plataforma se eleva aún más en el talud de la orilla izquierda. Este balcón continuo culmina en el segundo área de descanso (km 6,6), magnífico mirador al puente metálico del ferrocarril Madrid-Almería sobre el curso del Guadalimar.
El romance entre el río y la vía concluye en la trinchera curvada (a la izquierda) que orienta la marcha hacia el sur (km 7). El inconcluso Baeza-Utiel deja atrás la vega del Guadalimar para saltar a la cuenca del Guadalquivir, en compañía de la línea de ferrocarril Linares-Almería. Para ello, la vía verde asciende por el alomado paisaje colmado de olivares que separa ambos ríos, introduciéndose intermitentemente en profundas trincheras de paredes blandas y terrosas, colonizadas por numerosas madrigueras de conejo.
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El tercer área de descanso (km 7,8) ofrece buenas perspectivas del elevado horizonte linarense, donde se adivinan las siluetas de las antiguas cabrias mineras, y la amplia vega que alimentara a la ciudad de Cástulo. Las ruinas de la antigua capital de la Oretania íbera y el torreón de Santa Eufemia coronan los cerros de la orilla contraria. Junto al área de descanso se encuentra el paso sobre la carretera a la pedanía de Guadalimar (a 800 m de la vía) y el acceso a dicha carretera.
Llama la atención también el magnífico viaducto de seis ojos sobre del arroyo de Lupión (km 9,3), depresión que ofrece unas amplias vistas interrumpidas por el tercer túnel, con una curvada y larga galería de 226 m.
En el kilómetro 11,5 el trazado del ferrocarril cruza a nivel la carretera a Torreblascopedro (JA-4108). ¡Mucha precaución! Una curva próxima reduce la visibilidad. Para avituallarse cabe indicar que la población de Torreblascopedro (por la carretera a la derecha) se encuentra a 1,5 km.
Tras cruzar la carretera la plataforma se eleva sobre un alto, recto y largo terraplén que atraviesa una abierta vega. Este paseo aéreo, adornado a un lado por la silueta de Torreblascopedro y al otro por contorneadas lomas, concluye de manera tajante ante un nuevo túnel. El cuarto túnel del recorrido es una larga galería de 365 metros curvada a la izquierda en su parte final.
A la salida del cuarto túnel (km 13), la traza férrea prolonga su curvatura hasta encaminar el sentido
de la marcha definitivamente hacia el este. En su último tramo, la Vía Verde del Guadalimar transcurre por las laderas de los cerros olivareros que,por el norte, cierran el valle del Guadalquivir. El resultado es un recorrido muy divertido, en el ya monótono olivar, gracias a la continua alternancia de túneles y altos terraplenes que ofrecen diferentes puntos de vista a un mismo horizonte: la vega del Guadalquivir y las montañas de Sierra Mágina.
Así, atravesaremos un corto quinto túnel seguido por un alto terraplén con vistas; el sexto túnel seguido de un estético y alto terraplén curvado a la derecha; y el corto y último séptimo túnel (93 m).
La vía verde del Guadalimar finaliza en el área de descanso del paraje de Horcajo, en mitad del siempre presente olivar (km 15,3). En el extremo este de la ruta no hay acceso, pero sí magníficas panorámicas. La antigua vía continúa para los más aventureros pero ya habrá que seguir en clave de aventura, pues las condiciones de firme empeoran sustancialmente.

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